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 Las Crónicas de Tahirza

Cuentos cortos, relatos de terror, misterio, suspense, románticos, ciencia ficción, dramáticos...
 
Las Crónicas de Tahirza
Publicado por edrapecor (Original de - Valencia.venezuela) 09 Febrero 2015 20:21

En la plenitud de los tiempos. Saba Tamac es el cacique indiscutido de los pueblos chibchas. Muy atrás quedo la época de su nombramiento, que sólo debía durar un pequeño tiempo. Pero el logró a fuerza de ruegos y promesas, cediendo en mucho y transigiendo siempre, vivir en paz. Creando el concepto de resignación entre unos y otros. Iniciando un fructífero comercio con los desconfiados Timotocuicas, haciendo llegar preciados alimentos desde los fértiles valles; buscó cimentar esa unión casándose con Hialpeca, la heredera segunda de los timotocuicas. Estableció la paz con sus peligrosísimos vecinos del sur, los señores Incas, siempre ambiciosos, siempre exigentes y logró un impensable; derrotar a los guerrilleros Caribes. Logrando tomar prisionera, a la mujer más bella y perfecta, que jamás hubiese visto. A la princesa Ave Azul. Ahí nadie podría objetar sus intenciones; se enamoró de ella, entonces Saba Tamac también desposó a la princesa Ave azul. No se lo dijo a nadie, pero se vio en la necesidad de suplicar obtener el consentimiento en secreto para ese matrimonio, pues ya estaba casado con Altulay, la menor de las princesas Incas, directa heredera del gran señor Manco Cápac, quien suponía no habría mas enlaces entre este imaginario poderoso señor de los chibchas…Pero las cosas fueron mejorando y hasta se escuchó decir a unos y a otros, que el gobierno de Saba Tamac no era del todo malo y los pueblos Chibchas podrían esperar vivir en paz y prosperidad . un día con un sereno suspiro Sabac Tamac se dedicó a esperar los herederos y en el ínterin fue organizando su acción de gobierno. Estructurando el comercio de Oro, controlando hasta donde podía a los Sumos Sacerdotes, a quienes les costaba disimular el odio y asco que el gran cacique les inspiraba. Planifico muy eficientemente la sagrada actividad de la agricultura, cuidándose siempre de las invitaciones de alianzas Incas. Las lunas crecieron y menguaron, el frío vino y se fue; las cosechas dieron sus frutos y sus caciques subalternos empezaron a tener sus herederos. Saba Tamac también comenzó a recibir los suyos. Hialpeca fue pariendo una tras otra sus cuatro descendientes, las cuales llevaban la inescrutable mirada de los Timotocuicas y la laboriosidad Chibcha. Altulay también fue pariendo casi simultáneamente sus hijas, quienes crecían altas y estilizadas, con una afición inalterada de las costumbres incas, pasión por las matemáticas, por la medicina, por la astronomía. Y finalmente Ave Azul, a pesar de los intentos, de las horas propicias no parió, no vino varón ni hembra, El cacique no tenía que pensar mucho. Sus leyes, tan diferentes a las otras Proclamaban: Sólo un varón podía sentarse en el trono de granito negro de los chibchas. Nadie más que él lo sabía, pues no era príncipe directo, sólo sobrino del anterior Rey Chibcha. Sus hijas podrían ser reinas de los Timotocuicas, de los Incas, pero no de los Chibchas. Así que el Señor de los Chibchas, se asombraba que todavía no hubiese venido el embajador Inca trayendo las palabras del sagrado Señor de los Incas, recordando que su hija menor Altulay le había obsequiado dos nietas, lo que obligaba a dos matrimonios con caciques subalternos Incas, cuidadosamente escogidos por las manos del Semidiós.
No esperaría mucho de esa petición, pues de alguna manera le recordaba a Saba Tamac, que las fronteras sur se correrían peligrosamente hacia el norte. De esta forma cada ves que el cacique Saba Tamac veía como sus hijas crecían, proporcionalmente veía acercarse la desaparición del imperio. Por otro lado, su cuñado, el gran cacique de los Timotocuicas, no disimulaba su entusiasmo en casar a sus propios caciques con las apetitosas princesas Chibchas, augurándole mayor presencia en las alturas andinas, y para reforzar sus pretensiones concentraba tropas en la frontera Norte. Saba Tamac prefería un segundo desposorio del propio cacique Litu Ratú con alguna de sus hijas. Por eso Saba Tamac se preguntaba, ¿porque no lo habían hecho ya un ultimátum?. No era secreta la debilidad del ejército chibcha, casi de uso ceremonial y para desfiles, no estructurado para la guerra. Estaba muy lejos su triunfo ante los Caribes, y fue un golpe de suerte mas que otra cosa .La realidad es que esas tropas sólo eran un destacamento de honor para el diario ceremonial de las princesas, con un componente muy reducido.
II
Sus caciques subalternos, en el concejo tribal ya le alertaban sobre la situación y muchos exigían abiertamente, bajo consenso, se nombrase a un jefe guerrero, con atribuciones de primer ministro y el pasase a ser el símbolo de la unidad nacional; una mera figura decorativa. Después se fastidiarían de el y cualquier día lo apuñalearían ó le darían con una cerbatana envenenada con currare y consecuentemente la guerra civil. Todo se habría solucionado si hubiera venido el ansiado varón.
Sabac Tamac tratando de disminuir la presión en la frontera norte, invito a Litu Ratu, gran señor de los pueblos Timotocuicas, estrechamente emparentado con los caribes a entrevistarse en la gran ciudad sagrada de las altas montañas. Si debía actuar lo haría rápido, pues las cosas tendrían que empezar a resolverse. Entregaría a una de sus princesas para desposarse con su calculador cuñado. Tenía que ser una de las hijas Incas. Así contendría a estos en sus peticiones, teniendo tiempo para casar a las restantes con los hijos de los caciques subalternos. Proceso que había que hacer con mucho cuidado, pues de sobra sabía que los caciques que no recibiesen la invitación de matrimonio se convertirían en enemigos internos del régimen.
Saba Tamac levantó los brazos con resignación; tenía hijas de sobra, todas entre diez y dieciocho años .No podía dejar afuera a los Timotocuicas, ni a los Incas, ni a su propia gente y si él mismo moría, inclusive todas sus esposas estaban disponibles para intentar un nuevo matrimonio. Saba Tamac tuvo la idea que el estorbo a la armonía del reino era el mismo .Pero tampoco se los haría tan fácil. Decidió aumentar muy discretamente los efectivos del ejercito y fue sacando de los campos a muchos labriegos y de la ciudad a muchos orfebres, también pidió a los segundos hijos de los caciques subalternos para que acompañasen a sus hermanos mayores en la oficialidad .Todo eso le fue indicando la baja de las arcas reales por la caída de los impuestos, por la falta de ventas y por la presión de los sueldos y salarios de la nueva tropa; pero inevitablemente estaba obligado a hacerlo, pues los tiempos que viviría le indicaba que la paz disfrutada de alguna manera llegaba a su fin.
III
Saba Tamac se levantó mucho antes del amanecer, recibiría al concejo de las tribus; la reunión presagiaba tormenta. Así que el cacique se paró justo en el centro de la habitación y puso su cara hacia el noroeste de la misma, cerró sus ojos y abrió sus brazos con las palmas hacía arriba, concentrándose a todo lo largo de su columna vertebral, abstrayendo totalmente sus sentidos del exterior, sintiendo la fuerza energética que le calentaba el espinazo, hasta que su luz interna iluminó su cerebro. El Cacique duró en ese éxtasis de introspección unos diez minutos. No podía nunca pasar de allí; según la leyenda, quién lograse hacerlo por mayores tiempos podía alcanzar hasta lo imposible. Después respiró profundamente, una vez por cada fosa nasal y salió de su trance. Caminó hacia la ventana.
La ciudad sagrada estaba envuelta en la neblina madrugadora, pero dejando ver entre ella, a lo lejos, los primeros pobladores dirigiéndose a hacer sus actividades. Dichosos ellos, que pueden trabajar sin tantas preocupaciones -.Pensó el cacique. Luego sin dejar de ver la ciudad a sus pies, miró sus manos; muy levemente anunciaban que su ocaso ya empezaba, indicándole que el brillo de su juventud se alejaba, por más cremas de sábila que se untase. El hombre escuchó un leve murmullo de la cortina de su habitación al descorrerse y percibió el olor del dueño de la mano que apartó esta.
¿Como amaneces Rut Za Berú?-preguntó el hombre sin quitar su mirada de la ventana.
Amanezco rogando al padre sol, por la salud e inteligencia del gran Padre
Saba Tamac-dijo el hombre a sus espaldas.
¿Que sabes de la agenda del concejo de tribus?
-Lo de siempre. Están intranquilos por los movimientos de las tropas Incas allá en la puna. No creen que estén entrenando a nuestra gente ni cazando a los jiraharas.
Los Jiraharas son extremadamente peligrosos para no tomarlos en cuenta.-respondió el Cacique en su postura inicial.
El concejo se asusta al ver a Altulay sentada junto al Gran padre en las reuniones.
Altulay, aparte de ser mi esposa, es muy experta en el manejo de la diplomacia Inca. Sus concejos son invalorables para mí. Si esa es la razón esgrimida para el susto, que no es tal……..No quieren que yo vea caminos. El concejo quiere que vea sus caminos.
Ella habla por la boca de su padre, el gran Inca Manco Huapac Cápac-
dijo el otro, metiendo el dedo en la llaga.
No. Altulay es completamente leal a mí. Si Altulay no me dijese como piensa su padre, desde hace años los Incas nos hubiesen agarrado en la caída.
Yo lo se y te apoyo, padre nuestro. Pero los Capitanes Incas actúan como si el imperio les perteneciera, parecen tropas de ocupación y ya están en ambos lados de la frontera; cualquier chispa puede iniciar el desastre.
Gracias por alertarme sobre eso. Pediré informes de inteligencia. Y adicionalmente para la tranquilidad de todos me voy a reunir con el embajador Inca y le expondré mis razones; exigiré un mejor comportamiento de ellos.
Pues déjeme decirle padre nuestro, que ese se comporta peor que todos. Saba Tamac enarcó una ceja y por primera ves se volteó hacia el otro, caminando y viéndolo directamente a los ojos, se plantó frente a él.
Ambos por un momento se miraron de hito en hito; tenían unos cincuenta años, fuertes todavía, con una estructura que demostraba haber estado en muchas guerras. Sus paradas cada uno enfrente al otro era de absoluta igualdad.
-Ya no digas mas-le dijo rastrillando las palabras Saba Tamac–……La sucesión .Eso es. Preocupa a todos la continuidad, y quieren discutir derechos. Hasta tú quieres discutir derechos. Ven llegar mi vejez y quieren aprovechar.
Jamás levantaría mis pensamientos ante ti.
Saba Tamac bajo la guardia. Agradeció la cortesía del otro. Pero no le creía.
Te agradezco sinceramente. Espero que en tu consulta a los Dioses, sean estos auspiciosos.-dijo para bajar la tensión.
Los dioses auguran una nueva mina de esmeraldas, grandes como piedras de río.
Eso espero .Las finanzas no están muy bien que digamos. Para variar.
¿Donde la encontraremos?
Abajo. En el infierno verde. Por donde hacen sus correrías los pemones.
Deberás buscar muy acuciosamente y limpiar la zona de pobladores de esa zona.
No puedo hacer una limpieza étnica completa, necesitamos esclavos para la mina y damas de consolación para la tropa.
Tú sabrás hasta donde llegar.-finalizó el Cacique, optimista a pesar de todo por la noticia.
Altulay se mostraba estilizada y bastante clara; se veía a leguas que no se exponía al sol ni al frió quemante de la puna. Si llegará a confesar que tenía cuarenta años, recibiría notables muestras de admiración, adicionalmente sabía perfectamente que si Saba Tamac faltase, al finalizar los funerales, recibiría mas de una flor de orquídea mostradora de futuras intenciones, refrenadas por la presencia del esposo. Altulay representaba menor edad y tenía muy buen cuerpo a pesar de sus partos. Levantaba entre los embajadores comentarios sobre su serena belleza, que compartía al hacerse acompañar con orgullo de sus dos hijas, las princesas Incas; Xixata, Maruta,.En sus veintiún años de matrimonio, se dedicó a la crianza de sus hijas con las normas estrictas de la corte de Cuzco, había permitido que hablasen el idioma de los Chibchas, por la comodidad de entenderse con su padre; pero se comunicaba siempre con ellas y de ninguna otra forma en el lenguaje del poderoso imperio.
Anoche, en su habitación de granito negro pulido, mientras dormía sobre su cama de Turmalina igualmente negra, para darle a su espíritu protección y conocimiento, una pequeña mano de mujer se había posado en su boca y con la otra le inmovilizó su mano derecha, que se había dirigido automáticamente hacia la repisa buscando su puñal de plata. Llevaba guantes, lo que le indicaba ser alguien conocido, pues por el tacto de sus manos ella la hubiese identificado fácilmente. Altulay en la oscuridad había tratado de distinguir el rostro, pero era inútil, se ocultaba con una mascara ceremonial, lo que le cambiaba el tono al hablar. La mujer le hablo en el lenguaje prohibido y religioso típico del palacio Real de Cuzco.
Tu amado padre , te manda sus bendiciones y te expresa que su corazón sufre por la preocupación que le da el peligro que corre tu vida y la de sus nietas .Saba Tamac en su ignorancia y terquedad esta conduciendo a los pueblos Chibchas al despeñadero. Es necesario salvar al Imperio Chibcha con los matrimonios urgentes de Xixata y Maruta. Tú padre sabe de la otra esposa de Saba Tamac quien conversa mucho con los caciques subalternos. Ella merece la muerte, pero necesita tú aprobación.
La voz se silenció de repente, dejando inmediatamente libre a Altulay, que instantáneamente tomó el puñal y corrió hacía donde el rumor indicaba por donde corría en el inmenso cuarto, quien le había hablado .No la alcanzó. Con precaución Altulay se asomó al pasillo iluminado por las teas y éste estaba solitario, inmediatamente la mujer volteó y corrió hacía la ventana y viendo escrutadora mente hacía todos lados, pero era tarea inútil, no había nadie.
En la mañana Altulay compartía el desayuno real y miraba con atención a los servicios que los atendían; la dueña de la voz, si es que era mujer, conocía muy bien su aposento, pues a ella le fue imposible alcanzarla....
Continua aqui...
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