“LA TAREA” Cierto día se encontraban en una amena charla varios profesionistas, se reunían la Doctora, el Ingeniero, la Maestra, el Licenciado, el Psicólogo, la Dentista, etc. etc., estaban tan emocionados, que no se percataron que un anciano de aspecto agradable acompañado de un infante se acerco llamando a la Maestra. Ten, le dijo –te entrego este pequeño ser, que es el hijo del hombre, en su casa aprendió las primeras palabras, aprendió a caminar y conoció sus primeras letras, también se le inculcaron algunos hábitos y valores, te corresponde a ti proseguirlos y afianzarlos. Pero, quisiera pedirte lo siguiente: - Que llenes todos sus huecos de amor y ternura, sin querer suplantar a su mamá, para que viva siempre lleno de afecto y aprenda a ser feliz. - Que le enseñes el fantástico mundo, donde la lectura lo pueda transportar. - Que aprenda a valerse por si mismo, ante el gran reto que le depara la vida - Que no desee lo de sus semejantes, sin antes haberse convencido que el puede tener lo doble con esfuerzo y trabajo. - Que tenga la capacidad de levantar la voz para defender al prójimo cuando se comete una injusticia. - Que siempre impere en su corazón el deseo de construir y no de destrucción. - Que entienda que en esta vida fugaz debemos dejar huella en nuestro paso por este mundo. - Si esto sucede, diré que no me equivoque al elegirte a ti para preservar la Especie Humana, que es “EL HIJO DEL HOMBRE”
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