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 Caza: manipulación y asesinato de especies

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Caza: manipulación y asesinato de especies
Publicado por Sergio Reinaldo Fernández (Original de - del autor) 10 Enero 2011 23:33

“Todo aquello que implique la muerte de un animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida”. (Art. 11 de la Declaración de los Derechos Animales, proclamada por la UNESCO en 1.978 y aprobada después por la ONU).

A partir de mediados de octubre se abre la veda en todas las Comunidades Autónomas para permitir el sangriento festival de sangre y muerte al que nos tienen acostumbrados cada año el colectivo de cazadores “deportivos”. Así acaban con la vida de unos 60.000 ciervos, 120.000 jabalís y otros 30.000 más de las especies gamo, muflón, corzo, rebeco, arruí, cabra montés y lobo. A estos hay que añadir un millón de liebres, cuatro millones de conejos y 140.000 zorros. En cuanto a las aves, son alrededor de tres millones de perdices, un millón de codornices y cinco millones más de otras aves, entre las que se encuentran faisanes, palomas, ánades y patos.

Es un triste y macabro destino, además de injusto, el que espera a estos animales, debido a la perversión e inmoralidad de una parte de la sociedad –el colectivo de cazadores- que ha sabido siempre educar de una forma muy sutil a los espíritus insensibles con la vida de todos los seres vivos. Así pues, se les ha inculcado la idea de que la caza es necesaria para mantener el equilibrio de las especies en la naturaleza, lo cual resulta un error, pues en un estado normal la naturaleza siempre se ha equilibrado sola. Por el contrario, son los cazadores quienes en muchas ocasiones han desequilibrado la naturaleza.

Hay quien intenta inculcar a la gente que la caza es un oficio tan antiguo como la humanidad y tan digno como otro cualquiera y, además, es uno de las más nobles. Pero ante la conciencia actual sobre la vida de los animales –con un ritmo de extinción jamás visto hasta la fecha- , ¿cómo se puede considerar digno y noble acabar con la vida de un animal por simple deporte? Puede que antiguamente el hombre tenía la necesidad de cazar para comer, pero el hombre moderno ya no necesita este recurso. Otro de los argumentos que esgrimen los cazadores es que también matamos infinidad de animales para nuestra alimentación diaria y nadie pone el grito en el cielo. Cierto, pero hay una diferencia fundamental entre la caza “deportiva” y la necesidad de alimentación de la población. Todo el mundo conoce esta diferencia, incluidos los cazadores. El hecho que hace a los cazadores tan odiados por buena parte de la población es la falta de sensibilización hacia la vida de los animales inocentes, que lo único que pretenden es vivir y reproducirse como cualquier familia de seres vivos, incluido el hombre. Por tanto, no tienen ningún derecho a privarles de su vida. No olvidemos que nosotros mismos pertenecemos al reino animal. Pero no hay duda que todas estas reflexiones son para ellos simples cuentos de hadas.

Ahora bien, ¿cómo es posible que los propios cazadores, conociendo bien los daños que históricamente han provocado en la fauna mundial, sigan defendiendo la caza sin ningún remordimiento ni paliativos? Porque lo cierto es que han sido la causa, entre otras, de la desaparición del Bucardo en el Pirineo, y de la puesta en peligro de extinción del Lince Ibérico. ¿Y qué ocurrió con la Paloma Migratoria en Estados Unidos, de las que había tantas, que a veces se formaban verdaderas nubes? La última fue asesinada en 1.914. Otro tanto podríamos decir del búfalo americano. Y el caso de la Perdiz Roja en España clama al cielo por obra y gracia de los intereses cinegéticos. Por lo visto los cazadores se contentan con matar gallinos, en lugar de disparar a auténticas perdices salvajes, con lo cual están poniendo en peligro la especie. La Perdiz Roja es criada en granjas y soltada en los cotos de los grandes propietarios, como uno de tantos objetos de divertimento de los cazadores. Pero lo mismo ocurre con los ciervos, gamos, corzos, cabras monteses, etc. Y en esto hay que decir que nuestros antepasados cazadores al menos tenían más dignidad, pues al menos mataban animales en libertad. Hoy en día los interesados en el gran negocio de la caza cuentan con entera libertad para hacinar a muchos animales en cotos privados en espera del gran día de caza. Las Administraciones, muchas veces administradas por cazadores, les dan su beneplácito, y los 5.000 trabajadores empleados directa o indirectamente en el oficio sólo en Castilla-León, naturalmente no tienen nada que objetar. Es el negocio de la muerte de animales inocentes.

¿Pero tiene realmente solución el problema de la caza, con unas autoridades completamente ciegas e insensibles? ¿Es necesario realizar una auténtica revolución, con manifestaciones, recogidas de firmas, etc., para convencer a las autoridades de que el problema de los cazadores en España es algo que nos afecta a todos? En España hay una especie de culto a la caza. Muchos ministros y ex-ministros la practican. La crisis económica la ha afectado poco o muy poco, por desgracia. Para colmo de males vienen aquí a cazar muchos extranjeros. Las leyes protegen a los cazadores. Y para consumar impunemente la tragedia de los animales practicada por los cazadores, hay buena parte de nuestra sociedad que mira para otro lado cuando se abre la veda. Esta es la realidad. El hombre es un predador para sí mismo, cuanto más para los pobres animales. Todo ello es justo lo que les va de perilla a los cazadores, y cuando algunos osan protestar contra la caza, no tardan en ser detenidos como delincuentes.

Tal vez la solución al problema de la caza esté en la educación de los ciudadanos ya desde el colegio. Pero ello lleva tiempo. Nadie sabe cuantos animales se seguirán masacrando por culpa de una cultura ancestral que hoy más que nunca es inmoral e injusta y que habría que cambiar, como lo han sido en Catalunya las corridas de toros. Por tanto, volvemos a hacer hincapié en la cultura y apelamos a la Declaración Universal de los Derechos Animales, y no podemos por menos dejar de citar un párrafo.. “Considerando que la educación debe enseñar desde la infancia, a observar, comprender, respetar y amar a los Animales...” Son unas normas sencillas para que los cazadores dejen de cazar en el futuro y, por tanto, de matar a seres inocentes y perjudicando al mismo tiempo al medio ambiente con sus perdigones de plomo, ruidos e intranquilidad para quienes salimos a la montaña o al campo a observar tranquilamente las maravillas de la naturaleza.


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