|
 |
Para LEER
|
 |
|
 |
Estadisticas
|
 |
Visitantes activos:
Usuarios OnLine (86)
Miembros (0)
Anonimos (86)
Detalles
Miembros 6909 Visitantes 12360648 Hoy 2615 Articulos 5415 Noticias 450 Enlaces 716 Screenshots 341 Downloads 165 Clasificados 735 Comentarios 11915 Foros 82424
Detalles...
|
|
|
 |
Calendario de Actos
|
 |
|
|
|
 |
Cuentos cortos, relatos de terror, misterio, suspense, románticos, ciencia ficción, dramáticos...
|
|
|
 |
|
 |
El elefante y las hormigas
|
 |
 |
|
|
Publicado por El Errante
|
07 Abril 2010 01:31
|
    5 Pts : 1 Votos
|
|
¡Maldita sea! Tiene que salir de este lugar. Su vista cruza frenéticamente de un lado al otro del bar sin posarse en nada concreto, a toda velocidad va desde los altavoces hasta la barra, de la barra a los focos, al suelo, a los sillones del fondo… El sonido estridente de la música a todo volumen se clava en sus oídos como una explosión con metralla de vidrios, la gente grita para hacerse oír creando aún más confusión. Aquella fulana de la esquina de la barra con su risita de hiena, siguiéndole el rollo al baboso que le acaricia la rodilla… No puede soportarlo más, las paredes se van achicando, el aire se hace espeso, tan espeso que se niega a entrar en sus pulmones. Se lleva la copa a los labios, intenta apurarla para largarse de allí cuanto antes pero se atraganta y tose violentamente. El líquido expulsado empapa la parte de la barra donde está sentado, su camisa, sus pantalones y al grupo de tres personas que están charlando alegremente a su lado.
¡Serás hijo de puta! El trío se le acerca para arreglarle las cuentas pero él aún anda fino y rápidamente consigue incorporarse y salir pitando hacia la puerta. Mientras tira de ella hacia adentro consigue aún escuchar las últimas palabras de sus perseguidores ¡Maricón de mierda, que no te vuelva a ver por aquí!
Se ha pasado la noche bebiendo una copa detrás de otra así que se sorprende al ver que el sol luce ya alto. La claridad de la mañana ciega sus ojos acostumbrados a la penumbra ¡joder! pero no puede quedarse quieto, aunque cree que aquellos tres tipejos se han quedado dentro del bar no está seguro. Tiene que seguir caminando, toma hacia la izquierda con los ojos entornados, protegiéndolos de la agresiva luminosidad. No distingue nada de lo que ve, a duras penas su mirada va enfocando y ganando nitidez, los peatones que pasan a su lado por la acera son, de momento, borrones blanquecinos. A punto está de tropezarse con un par de ellos. ¿Qué coño hace! Decide pararse, no está en condiciones de seguir caminando, al menos hasta que recobre totalmente la visión. Se sienta en un portal, busca un cigarrillo en su chaqueta ¡me cago en la…! se los ha dejado dentro. Un olor a amoniaco asciende hasta su nariz colándose por los orificios, al principio le cuesta distinguirlo, el sabor químico de la cocaína que ha consumido se lo impide. Entonces nota humedad en su trasero ¡ostia! ha ido a sentarse sobre una enorme meada. Instintivamente se levanta, pero con tanta velocidad que sufre un mareo, siente otra vez la blanca claridad cubriendo sus ojos, tose, vuelve a toser, ahora compulsivamente. Sus ojos se cubren de barañas, intenta respirar e incorporarse pero es imposible, el aire sale atropellado por su esófago, los tosidos lo mantienen doblado e inclinado hacia adelante, apoya una mano en la pared, sufre convulsiones en el estómago hasta que lo inevitable sucede. Un espeso vómito sale de su boca y va a mezclarse con el orín del suelo. Sufre una arcada, otra… así hasta siete. Su estómago no deja de empujar hasta que el líquido amarillento se termina. Ahora que ha vomitado se siente aliviado, se toma unos instantes para respirar, permanece apoyado contra la pared e inclinado hacia adelante. Cuando se incorpora el hilo de líquido amarillento que ha quedado colgado de sus labios se pega a su barbilla. Se limpia con la manga de la chaqueta y comienza a caminar. Debe tener mal aspecto ¡qué coño miráis! porque la gente se le queda mirando y se aparta a su paso.
Decide que tiene que volver a casa. Registra sus bolsillos pero ¡mierda! tan solo encuentra dos monedas, insuficientes para llamar a un taxi. Le tocará esperar el autobús. La parada está llena de personas, la mayoría hasta no hace mucho aún estaba durmiendo, lo nota en sus rostros soñolientos. Hormiguitas, piensa que se dirigen al trabajo porque mire a donde mire no ve más que semblantes adustos y entristecidos. Nadie fija su vista en él ¡qué coño estáis mirando! aunque sabe perfectamente que todos lo observan. También sabe que todos, interiormente, ¡qué os jodan! lo están juzgando. No es asunto vuestro, malditas hormiguitas. El autobús llega al fin y la puerta se para justo delante de él. Se sube el primero. Le entrega las dos monedas al conductor que lo mira con el entrecejo fruncido ¡no me jodas basura! pero al final lo deja pasar. Supone que el hombre no quiere que le monte un espectáculo ¡y tanto! Atraviesa todo el autobús y se sienta en la última fila de asientos. Le entran unas ganas tremendas de fumar ¡venga joder! y comienza a impacientarse porque los de la cola tardan una eternidad en subirse. Una ancianita ¡cállese señora! entretiene al conductor preguntándole seguramente por el recorrido del autobús. La mujer que está sentada a su lado se levanta ¡menuda imbécil! y va a sentarse cuatro asientos más adelante. Entonces cae en la cuenta de que en el autobús viaja un montón de gente, todos van apretados hacia adelante. En las tres últimas filas de asientos, es por mí, no se ha sentado nadie. Hormiguitas, piensa en esas gentes, hormiguitas madrugadoras, que han madrugado para ir a trabajar. Que no se atreven a sentarse, peor para vosotras, al lado de un borracho, seguramente por el mal aspecto que presenta o por la peste a tabaco, licor y orín que desprenden sus ropas. Piensa que se dirigen a sus trabajos a que, os pisotee el elefante, sus jefes les den directrices, les impongan horarios, chas chas… hormiguitas, les obliguen a hacer horas extras, hormiguitas a los pies del elefante, seguramente no remuneradas, por un mísero sueldo que apenas alcanza, chas chas, para llegar a fin de mes. Cinco o seis días a la semana, como hormiguitas en línea, cada mes, cada año de sus vidas…
Abstraído en esos pensamientos ¡joder! casi se pasa de parada, aunque reacciona a tiempo y consigue bajarse del autobús justo frente a su casa. La puerta está abierta, la señora de la limpieza está pasando la fregona. Buenos días le dice la mujer, métete en tus asuntos, buenos días contesta de mala gana mientras se dirige a las escaleras buscando en sus bolsillos la llave de su casa. Sube el primer tramo, le cuesta, el cansancio y los dos paquetes de tabaco que se ha fumado obstruyen el paso del oxígeno a sus pulmones pero, al fin, llega a la puerta de su casa. Falla un par de veces al intentar meter la llave ¡maldita seas! pero a la tercera consigue introducirla y girar la cerradura. Entra en la casa, cierra de un portazo y se dirige directamente al cuarto. Se tumba en la cama boca abajo sin desvestirse, sin descalzarse siquiera y, en cuestión de segundos, se queda dormido
|
MAS INFORMACION
|
|
 |
 |
|
 |
|
 |
Usuarios registrados pueden publicar comentarios
|
 |
|
Usuarios registrados pueden publicar Textos literarios
|
|
 |
Bienvenido
|
 |
|
 |
Autores en el Recreo
|
 |
|
|
|