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 Cuentos y Relatos
 NEIMATHLA.-La historia queda escrita.

Cuentos cortos, relatos de terror, misterio, suspense, románticos, ciencia ficción, dramáticos...
 
NEIMATHLA.-La historia queda escrita.
Publicado por Zérian (Original de - Silvia rey souto. ) 29 Mayo 2007 19:57


Y por fin llegaron nuestros días. Por fin llegó el momento de sacar a la luz historias que nunca se escucharon. Historias que llegan al fondo de los corazones, que nos enseñan que hubo un tiempo en la historia de la humanidad en que aún existían las palabras honor y coraje. Puede que aún queden restos de eso que un día fue llamado valor, pero hubo tiempos donde de verdad exitió, en los corazones de los verdaderos héroes que nadie conoce. Yo viví aquellos días de sol, cuando las nubes grises cubrieron el cielo y vinieron tiempos de tristeza. Aquella fue la época de personajes que salvaron lo que queda de nuestra tierra, y contando como sucedió le daré las gracias por darme la oportunidad de virvirlo con ellos.
Cuando el sol del verano se ponía tras las grandes y hermosas montañas, en una hora de paz y silencio, ocurrió algo que nos marcaría a todos para siempre: una niña contempló la luz de aquel bello mundo por primera vez. Quizás fueron eses hermosos ojos llenos de vida los que sentenciaron nuestro destino en el mundo, los que decidieron si viviamos o moríamos, pero todos los que la conocieron, ya estean vivos o muertos, le darán gracias por que todo hubiese sucedido de aquella forma. Aquella niña que con el tiempo creció adorando la tierra, admirando cada centímetro que la rodeaba, suspirando por la luz del sol poniente que se desplegaba como una ola del mar sobre la arena, llegó a significar para ellos una imagen de gloria y orgullo. Neimathla.
Quizás fue la visión de la realidad lo que la llevó a forjar un corazón guerrero y valiente, profundo, con el miedo que todos llevan dentro pero con el coraje para hacerle frente. Año tras año en el pueblo en el que vivía se contemplaban imagenes de crueldad. Mucha gente del país llegaba desesperada en busca de refugio, pues era el lugar más seguro de todos, en el oeste, lejos de la guerra, pero cada día más cerca de ella. Esa gente buscaba un lugar donde olvidar lo vivido, donde retomar el hilo de sus vidas, y contaban sus historias a aquellos que quisiesen escucharlas. Neimathla había crecido entre esas historias, y el deseo de mantenerse lejos de esa crueldad la llevó a amar tan profundamente su pueblo como nadie podía imaginar. Ella iba madurando, y según lo hacía se ganaba el corazón de todo aquel que la rodease. Así pasó el tiempo en su vida, una vida normal como la de cualquier otra chica de su pueblo. No obstante ella se sentía diferente a las demás. Desde que había nacido sentía que el mundo no encajaba con ella, ella guardaba un universo de sensaciones dentro de su alma que no podía expresar, ni tampoco lo pretendía. Al cumplir veinte años era completamente distinta a las demás. Tenía un espíritu guerrero, valeroso, sin miedo a afrontar la vida, anhelaba demostrar que podía defender lo que más quería, y hacía que la quisieran y la respetaran. Porque eso fue lo que me sucedió el día que la conocí. Yo tenía ventidós años y me dedicaba al mercado de metal, un chico simple y sencillo, con un honrado trabajo y sin familia, vagando por el mundo a placer. Llegué a aquel pueblo un afortunado atardecer con mi carreta de mercancías camino arriba, y en la cima de una colina vi lo mas hermoso que había visto en mi vida. Tenía el pelo castaño y largo y se le movía al son del viento. Recuerdo que jamás había visto ninguna mujer tan preciosa, y desde aquel día mi corazón quedó sitiado. El aire susurraba entre los altos árboles, la hierba bailaba con ella y la luz naranja del sol iluminaba su rostro, mientras su sombra escapaba a la luz del día, esperando el cobijo de la oscuridad. Me miró desde la cima de la colina hasta que llegué conduciendo los caballos a su lado.
- Te doy la bienvenida a estas tierras. No se tu nombre ni tu procedencia pero espero que tengas una buena estancia en este pueblo.
- Gracias.- le contesté.
Le dije mi nombre y de donde venía y continué mi camino. El pueblo era precioso, prados verdes, edificios de piedra blanca, niños corriendo por los campos, hombres y mujeres trabajando la tierra... Todo era perfecto. Tras montar en la calle mi puesto, me instalé en una posada cercana. En los días siguientes fui cogiendo cariño a la gente, que me trataba como si me conociesen de toda la vida. Así pasaron los días, y yo no volví a verla pero no pude dejar de pensar en ella. No me iría de allí sin verla de nuevo.
Pero un oscuro día, llegaron al pueblo unos viajeros, venían heridos, tristes y cansados, y arrastraban algunos víveres. El pueblo acudió al lugar donde se encontraban para ayudarles, y yo con ellos. Lo que ví me dejó sin palabras: una gran desolación me recorrió el cuerpo y pude ver, en silencio, que varias mujeres y niños lloraban desconsolados en el suelo, había algún que otro hombre, pero eran escasos. La guerra había llegado a su pueblo, habían quemado sus casas y acabado con la vida de la mayor parte de sus familias. Eso nos explicaron entre lágrimas. Todo empeoró cuando nos dijeron que los mismos que le habían hecho aquellos se dirigían a nuestra posición. Todos se asustaron y muchos rompieron a llorar de miedo. El pánico se estendió rápidamente hasta que llegó un habitante del pueblo que logró dominarlo. Neimathla.
- ¿Que se acercan decís?
- Cada día más.- le contestó una de las mujeres heridas. - vinimos aquí a buscar refugio pero con nostros solo hemos traído vuestra desgracia. Perdonad nuestro acto.
- No tenéis que pedir perdón, y no os preocupéis, nuestro destino aún no está escrito, se escribirá cuando todo termine, sea para bien o para mal.
Cuando vi que la mujer que hablaba era ella la sorpresa se apoderó de mi. No pude apartar mi mirada de sus ojos.
La gente estaba revolucionada, muchos temían por su futuro y otros pensaban partir. Así fue como el juez del lugar se subió a un balcón y habló tratando de calmar a la gente.
- Se lo que sentís, pero no podemos dejar que el miedo descontrole el pueblo. Escuchad, si van a venir, no tendremos otra opción que resistir. Si vienen es porque somos los últimos de este país que quedamos con vida. Al mar no podemos huír, y nos cerca contra el enemigo.
Un hombre gritó:
- ¿Porque el rey no manda ayuda militar? ¿Acaso le da igual que muera su gente?
- Nunca hemos sido un país fuerte desde que nuestro rey enfermó. No hubo control desde entonces. Yo creo que en realidad ya no tenemos rey. Nuestro destino está en nuestras manos. Se que mis palabras no os tranquilizan, quizás deba dejar que alguien os hable en mi lugar.
Neimathla ocupó su sitio y todos callaron.
- Amigos, todos me conocéis. Sabéis el amor que siento por esta tierra y por esta gente. Y por eso os digo que no podemos permitir que acaben con lo que amamos. Yo no estoy dispuesta a dejarles pasar libremente, no sin resistir. Pero yo sola no puedo frenarlos. Prefiero luchar antes de que digan de mi que dejé morir aquello que quiero. ¡Puede que no sobreviva pero al menos lucharé por lo que quiero!
El pueblo alzó las manos y el ánimo se infundio rápidamente. Aquella sensación de esperanza no la había sentido jamas en mi vida.
Al día siguiente el pueblo comenzó a prepararse para una posible guerra, y a mi puesto acudió ella. Rebuscó entre las espadas indecisa.
- ¿Buscas algo especial?
- Una espada. No es especial.
- ¿Pelearás de verdad entonces?
- Si, mientras pueda levantar una arma y articular palabras de ánimo. Para eso estoy aquí. - dijo mientras miraba una entre sus manos.
- Admiro tu valor, jamás vi una fuerza así en una mujer...
- Yo nací para estos días- me miró seriamente- mi viaje terminará aqui, esa es mi función en el mundo y la acepto como tal. Que mas da lo que pase después.
- No te conozco y sin embargo creo que tienes algo que los demás no tienen. Parece que sabías que este día siempre llegaría... Neimthla.
Me miró tristemente y bajó la mirada. Despues murmuró unas palabras:
- Entonces me conoces más de lo que piensas.
En ese momento advertí que una carga pesaba sobre sus hombros, fue el único momento de debilidad que contemplé sobre ella. Levantó la mirada, me sonrió y con la voz más dulce que oí en mi vida me dedico unas palabras:
- Si puedes ver lo que yo veo, entonces tu eres aquello que todos llevamos dentro, que nos escucha, eres el único que puede seguir adelante, el que siempre recordará nuestros momentos. Tu contarás nuestra historia para que todos nos recuerden. No lo olvides, serás nuestra memoria y contigo y con los que vendrán luego viviremos siempre.
Se fué y no volví a verla hasta cierto día en que la encontré al lado de un lago acariciando a su caballo. Aquel fue el lado más extraño que conocí de ella, esa conexión con la vida... y sin embargo sería lo que acabaría con ella. Ahora podía entenderlo. Ese sería el recuerdo que siempre guardaría de ella. Neimathla.
Pasaron tres semanas y el pueblo estaba preparado para lo que pudiese ocurrir, Hombres de todas las edades estaban dispuestos a pelear. Muchas mujeres se uniron a las filas, mientras otras se prepararon para huir con los niños. Pronto descubrirían que debían haber partido en aquel mismo momento. Yo por mi parte, no tenía familia, asique no tenía grandes preocupaciones. Mi vida no era de gran valor, asique decidí quedarme, nadie me hecharía de menos si moría, y allí estaba bien.
Era el final de la tarde del cuarto día de la novena semana de mi estancia allí. Me encontraba sentado en una taberna comiendo queso y pan, cuando escuché ruido de hierro y metal, el suelo retumbaba y se oían voces lejanas. En el pueblo los jinetes cabalgaban de un lado a otro con la noticia. Estaban allí.
Los niños lloraban mientras se aferraban a sus madres. Los hombres se despidieron y se dispusieron para la batalla. Los que iban a pie llevaban arcos, espadas, horcas... las mujeres no se distinguían entre los hombres. Yo me encontré con un niño que gritaba:
- ¡Ya vienen, están aqui! ¿Me oís? ¡Están aqui!
Cuando llegué a la cima de aquella colina los vi a todos. Pensé que me daba algo. Eran más de mil soldados. Su caballería barrería nuestras filas como el aire barre el polvo.
Volví al pueblo tan rápido como mis pies me lo permitían. Cuando llegué vi algo esperanzador. El pueblo estaba en formacion preparado para la lucha. Faltaba alguien... ¿donde estaba ella? Un relámpago blanco cruzó las filas y la vi. Allí estaba ella, sólo llevaba un vestido blanco, sin armadura, sobre un caballo blanco. Su estandarte ondeaba fuerte con el aire. Parecía como si un rayo de sol entrase en una habitación con las persianas cerradas, aportando luz y deshaciendo la oscuridad. Ahora ella lo sabía, el final estaba cerca y por eso se había vestido así, quería morir vestida como los amaneceres de su tierra. El sol pronto se ocultaría. Su voz se escuchó en la colina por última vez.
- Amigos! Sabemos por que estamos aquí, sabemos por que vienen, pero no sabemos como terminará. Solo se que pase lo que pase seréis libres y no prisioneros. Mi nombres es Neimathla, el vuestro será siempre libertad. Gardad la esperanza... ¡ Hasta el final!
Tras oír esto emprendiéron la marcha hasta llegar a la colina. Ella cabalgó hasta mi posición para hablarme.
- Tu no lucharás. Puede que tengas cariño a esta tierra pero por eso debes sobrevivir.
- Vine aquí sin nada y me gané una familia. ¿Pretendes que la vea morir sin hacer nada?
- Solo pretendo que tu puedas contar la historia de Neimathla, de como vivió, de como cayó, de como amó y fue amada... solo espero que tu puedas contar tu historia, nuestra historia... - una lágrima resbaló por su mejilla y dejó en mis manos un trozo de vestido. - Si tu cuentas esta historia, siempre estaremos contigo, siempre estaré contigo.
Galopó hacia la batalla hasta que se perdió entre la muchedumbre, entre el ruído y la oscuridad. Y yo supe que no volvería a verla más. Porque cuando el sol se puso yo supe que ella había caído, el día murió con ella. Cuando el ruído ceso, todos los habitantes que sobrevivieron fueron cercados. Yo la busqué entre la multitud de cadáveres y cuando por fin la encontré vi que yacía con la espada entre sus manos, como si hubiese peleado hasta el último instante. Allí caí yo, de rodillas, mientras mi mundo se cubría de sombras, mientras mis ojos contemplaban su dulce cara y mis manos agarraban su pelo.
Y así terminó todo, la historia de los grandes héroes que salvaron nuestra tierra, en un pasado olvidado, cuando el coraje y el valor existían de verdad. Y muchos dirán que sus muertes no sirvieron de nada, pero los que lo piensen serán los que nunca puedan entender el verdadero significado de la vida. A mi se me ha concedido mucho tiempo para dejarlo escrito. Y la historia de Neimathla ya nunca será olvidada, porque contarán que nació y murió por su tierra, cuando el sol se ponía, y sus ojos llenos de vida se cerraron por última vez, allí, en la colina en que la conocí.

FIN.

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Comentarios
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   Comentario ( mountruo - 20 Junio 2007 18:01)   
Me gusta la historia, es del género de aventuras.
Me gustaría mas si al enemigo o amenaza se le identificara más, es decir si se dieran mas datos de inminente peligro, quienes eran los enemigos, ect, asi me parecería mas real. Eso es lo que yo haría pero el relato es tuyo.
El tema es bueno sobre el verdadero valor y coraje.

   Comentario ( Zérian - 20 Junio 2007 22:54)   
muchas gracias por tu valoración. Lo tendré muy en cuenta a partir de ahora, porque así es como se aprende de verdad. De la valoración de un lector.
En serio. Muchas gracias!
 

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