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Publicado por xaviaviles (Original de - Francisco Javier Rodríguez Amorín)
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17 Marzo 2007 17:25
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    5 Pts : 1 Votos
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Siento que crece...
Una bola de fuego...
La mirada furiosa...
Dentro de la mirada hay una laguna...
Dentro de la mirada hay una estrella...
En el regalo amarillo de la campana
cigueñada,
suenan aplausos.
Refundiendo en bronce
ídolos mudos.
Las quejas por triplicado...
Encuentro sapos y ranas, en todas las lecturas del discurso. Están solos o en grupo. Se llena de horizontes, amaneceres y esqueletos.
Mis palabras esconden la fiebre.
La agonía se acompaña de semicírculos.
Blasonado el pecho de frío y compostura,
se camina erguido, con prisa.
Por los canalones rotos,
un blus azulado y negro, pasea sereno.
Patinan las neuronas místicas, sobre un duelo
de desagravio.
Comparto mesa con los grandes dioses de la ignorancia. Una comida hecha a base de gusanos.
Dentro del universo la estadística se me agarra al paladar, escupo insultos y miro al reo maniatado.
Revolución.
aRtE.
LEVE.
La orden se descuelga de un trapecio ciego.
La orden tiene su personalidad y su peso.
La orden se cumple diligentemente o se cumple.
La orden es sencilla a pesar de hacer historia.
De la orden
por el orden
es una orden.
El himno para la orden es fundamental.
En las viejas cuartillas, aparecen las gaviotas, "palabras gaviotadas", para ser sincero. Como "personajes galicentes", o "aire pulmonado a golpes de sudor".
El gozne razona con nociones precisas.
"Una noción precisa...”
Mantiene la disciplina necesaria.
"...es una noción precisada."
Los coros de grillos recrean la alegría con sus cantos.
Arenga.
El gozne razona...
REvisión. Un juego que nos aleja del pasado. Es cierto que nunca seré más.
La nueva identidad no es secreta,
es etérea.
ESCALERAS Y SILENCIOS
El repaso de la historia personal nos muestra asombrosas coincidencias. Puede ser el carácter, los rasgos que se repiten el los discursitos para las paredes.
Ladrido, mandíbula y balada…
Pájaros que vuelan por horizontes;
y elementos unidos en tríos.
Trino, pico, ala…
Todo muy vomitivo.
La mirada es el diamante de un silencio.
Un grito de desesperación.
Emparejo las lágrimas con el veneno; y todos tan felices.
La ansiedad con el miedo.
El fluir de sentimentalismo es desbordante.
Agua, palabra:
Si yo soy, tú te llamarás.
Tardes blancas, pulidas.
La bebida es mala consejera: Veo esqueletos.
El silencio como recurso para no demostrar más ignorancia.
Peces ahumados entran en las casas
por las ventanas sin cristales.
Son fosforescentes y libidinosos, de ojos saltones.
Los ogros, como los sapos tienen una gran boca, y un volumen de berrido elevado.
Su lengua suspira por palabras blasfemas.
A la serpiente del frió le duelen las escamas.
Empero:
de los dioses menores esperamos milagros menores.
Amaneció blanco un día de febrero.
EL AGUA SE ESTANCA
Dos vasijas de agua,
una tiene sal,
la otra no tiene nada.
Rompe los cantaros,
que para eso son
para estrellarlos.
Los cuerpos mueren ahogados en un río negro.
Vísceras y excrementos llenan las cloacas.
En los edificios desnudos viven los brazos oxidados.
Erizados mil gatos, de bruces doblan la esquina,
urden intrigas.
En el paseo por el campo, llegamos a una hoguera, delante de ella vimos un sueño, un reflejo y un camino.
Llegaste con un vestido rojo y escotado. Bailamos y hablamos de todo un poco.
Tagore nos dijo: “Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.”
De los halagos debemos fiarnos poco…
Se convirtió en garganta,
y su grito en final, en nada.
Las malas tardes acaban con ardor y resaca.
Ángulos casi rectos se esconden de las miradas.
Quizás la traición como método de escapar.
“Busco y preparo para el traidor la daga y el puñal”.Rimbaud.
Las flores del agua se emponzoñan haciendo círculos concéntricos.
Nana.
El aire se pasea por el jardín,
mece las flores,
acompaña a la lluvia.
Los suspiros llenan
el patio.
Por la puerta entra una pequeña.
Debajo del dolor nos quedamos sin consuelo.
Entramos en 1989, un año del siglo XX. El contenido de lo escrito no difiere mucho, la forma tampoco; repetir lo dicho y con las mismas palabras no da la seguridad que falta en las explicaciones.
Los pórticos sudan, y en las reverencias
enseñan sus carnes adobadas.
Dentro del espejo un dios tuberculoso
escupe trocitos de pulmón.
La geometría esta angustiada
y envuelta en sabanas de escarcha,
es un túnel de tiempo hecho con almas afiladas.
En las palabras podemos esconder profecías que nunca y siempre se cumplirán. En el año 1989 uno se sintió grande y escribió, su fuerza no fue más que una debilidad que no podía soportar. No conocer de donde nacía el desconcierto y el dolor hizo del botarate una persona mal aliñada, mal compuesta.
“…de un trapecio a otro trapecio
como versos elásticos…” (Pedro Salinas).
nos topamos de bruces
a bocajarro al pasar por el miedo
con la cerámica o la imaginación en fuga
espectadores de ifieles y albedrío aplaudimos
rabiosos con espuma y coraje de ojos cerrados
refundiéndose en bronce desteñido ídolo
mudo de trasgresión dejarse hacer que de todo tienen
las boticas cabezas limpias de corazonadas y pelos
para el griterío en el teatro atráxico donde mis quejas van por triplicado.
El cultivo de champiñones descarnados con alambres elásticos de devenir arrugado en nuevo lino con vuelta del color balsámico de tul para la araña de las viejas palabras…
un toque de atención sobre la cultura desproporcionada métrica de las odiseas
de los héroes y sus palabras
repetición ruidosa seca que cala el tuétano
destrozado en una bajo mesa amantelada en platos
oligofrénicos consumidos en segundos
amargados en moratones de horizontal pespunte
en una atardecer evocación de pensador en gritos
maldiciones se esconde la fiebre en palabras
y los vómitos del compás con semicírculo de cuero y brazos
de luna que siempre fue un queso de largos paseos
es rancio el dolor de añoranza
la caricia suave del otoño
dos litronas con libre albedrío
1991
oscura disimilitud
Orquídeas en blanco,
disímiles ungüentos
de los olores mal sanos,
socavan los cimientos.
Deslomados versos
ya desgranados,
bailan ritmos en disón.
Chasquidos locos
de miradas huecas,
sin sus ojos.
De discurso lento,
también de discurrir.
Hueco en su vanidad
luciendo por cerebro
la barriga, desmedida cavidad.
Las sonrisas, Iría, ten cuidado con ellas.
Podemos oler su mágica fragancia,
pero no comeremos sus hojas malas.
Las flores del arbusto trampa
caen en el discurso del agua, adornan
el río de nuestras palabras.
Como un semidiós aforístico
y sediento de gloria, engalano
vanidoso, el dogma roto, el tópico
pasado, la verdad disfrazada.
Cocimos el disloque con aceite,
mucha sal y especies.
Escuchamos sórdidas historias
de gulas sobre la piel.
Trazo el caz sinuoso desviando curso,
caudal, sentido…
Desde la disuria con cariño hasta la abusión.
El borne está descorazonado, calla el silencio del discurrir.
Un dios sin habla que nunca se equivoca,
al fin nos da prisión en su cómoda.
Fui bufón sin corte, atronador lleno de bilis y quicio.
Todo con exceso.
Gerión y Heracles luchan en la fiesta. Coresos mira fijamente hacia delante.
Hermes no sale de su escondite.
1994
Atraído por el caos.
Hebenica disonancia.
LA DIAGONAL:
Donde los elementos se confunden,
no hay desastres, y la calma engendra calma.
La esquina se traga el tiempo de bostezos grandes.
LA ESTRUCTURA:
Fugaces estrellas y las neuronas
derrapan, divagan, luchan, esquivan,
dicen los nombres, los apellidos…
EL ABONO:
El corro de la patata es un hongo venenoso.
Debajo de la seda se deshacen hilos espesos de alambre.
Un láser lame la escueta superficie del cristal.
Te mando a distancia, una sopa de letras,
una historia cotidiana, surcos de estética rutinaria.
Orden y gusto.
LA FORMA:
La luna es una gran bola de queso.
La luna es redonda.
El sándalo está triste.
El azahar también.
La esquina descuelga su ángulo por el ojal.
Discernir o fabricar ápices de locura.
LOS CERO HORAS:
Vacío enorme de una elocuente disertación.
La rutina se rumia en un estado llamado rencor.
Nos falla el látigo eléctrico de la voluntad.
LA BUSQUEDA:
Buscando encontró cosas.
Absoluto. Vacío. Azar.
Cerillas. Folios. Flores.
El gozne cejijunto razona con nociones precisas.
Entretiene su herraje, abriendo y cerrando su acertijo.
Artefacto.
EL CAOS:
Esquirlas diminutas desparramaron
el eco por una probabilidad.
Las bromas pesadas, de un malévolo azar,
llenan la plenitud.
LA PIEDRA:
En un camino sin sentido, detrás de mi,
se desordena la huida.
EL SIETE:
Entretenidos los dedos en tocar,
no cuentan, no señalan.
Del gusto de gustar
se enjundian las visiones en revoltijo
irracional de neuronas.
2004:
Iniciando el siglo 21, lamento lo no escrito,
refundo el texto, y destripo el discurso.
Por falso, y por sincero.
Francisco Javier Rodríguez Amorín
Diciembre 2003 – Enero 2004
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Comentarios
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Comentario (
seda
- 18 Marzo 2007 18:56)
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No lo he leído entero, pero entrevero y sigue gustándome.
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