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Cuentos cortos, relatos de terror, misterio, suspense, románticos, ciencia ficción, dramáticos...
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EL ABUELO
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Publicado por Anaïs
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07 Diciembre 2006 19:13
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    4.8 Pts : 4 Votos
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El abuelo tenia noventa y seis años, yo catorce. Hasta donde puedo recordar, siempre le vi postrado en una silla de ruedas o tendido sobre su cama; un saco de huesos dentro de un pijama de rayas; un muñeco de trapo inerte, inútil, humillado, ausente, esperando, siempre esperando…. Toda la familia estaba orgullosa de su longevidad, parecía asunto de honor que llegara a los cien, como si de batir un récord se tratara. Todos menos él, y yo; a mí me daba pena. Adivinaba el hastío en sus ojillos ausentes, me dolía el sinsentido de su prolongada existencia. La vida le había premiado con muchos años, pero se cobraba su precio en su cuerpo marchito, maltrecho, no así en su mente. El abuelo, a su pesar, conservaba toda su lucidez, su memoria intacta; a veces, en sus días buenos, contaba anécdotas de su infancia, de su juventud, podía recordar el más mínimo detalle. Y sonreía, y cuando sonreía su sonrisa iluminaba la habitación. Y de pronto se ensombrecía, su boca se torcía en un gesto cansado, y decía que quería morir, que estaba harto. Todos le decían que callara, que no dijese tonterías. Y él callaba, se encogía en su silla y se tragaba su tristeza, y me miraba, y yo leía en su mirada su impotencia, la inutilidad de su dolor. Un día, uno de aquellos días malos en que permanecía en cama mirando al techo durante horas mientras todos estabamos en el salón, oí unos sonidos extraños procedentes de su habitación, me asomé y descubrí alarmado que respiraba con dificultad, el abuelo se ahogaba. Quise correr a avisar pero él me detuvo con un gesto, me acerqué y aferró mi mano con inusitada fuerza, negando con la cabeza. Me angustiaban los sonidos que salían de su garganta, como de animal herido, quería pedir ayuda, pero su mano huesuda aferraba la mía; en sus ojos leí una súplica, y entonces comprendí; me quedé junto a él, sus ojos clavados en los míos, hasta que dejó de hacer ruidos y la presión de su mano cedió, sus párpados se entornaron y una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Entonces separé mi mano de la suya y volví al salón. Me senté con los demás y no dije nada. El abuelo descansaba y yo no quería que nadie le molestara.
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Comentarios
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Me ha impresionado tu relato tan lleno de realidad y ternura . Muy bueno , te felicito . |
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Muy bonito, Anaïs Es muy triste vivir de esa manera, el nieto hizo muy bien, su abuelo se había ganado el descanso.
Un abrazo |
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Comentario (
rayista
- 08 Diciembre 2006 07:43)
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Estupendo relato Anaïs, a mi tambien me ha impresionado.
SALUDOS |
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Comentario (
Anaïs
- 08 Diciembre 2006 20:13)
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Gracias a todos por vuestros comentarios.Este relato está inspirado en alguien que conocí y que me impresionó mucho.Ignoro si a dia de hoy habrá conseguido esa paz que deseaba. |
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Comentario (
roleig
- 09 Diciembre 2006 20:03)
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Excelente retrato de la necedad y obstinacion de querer prolongar la vida, haciendo oidos sordos al dolor y el sufrimiento de los emfermos terminales.
Un afectuoso saludo. |
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Comentario (
zoquete
- 10 Diciembre 2006 16:20)
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Duro, duro pero bien escrito... no sé si prefiero no pensar mucho en ello, como si no encontráramos la solución... |
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Comentario (
Pepe
- 15 Diciembre 2006 18:26)
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Es muy bonito Anaïs; es difícil comprender el deseo de morir cuando se es joven y se ama la vida, y es duro descubrir a un anciano que está cansado de vivir, y mucho mas duro respetar sus deseos |
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Comentario (
maria25
- 09 Noviembre 2008 15:11)
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Ese abuelo tuvo suerte, murió al lado de su nieto. Muchos querrían morir así, con alguien de su familia. Por ese lado, tuvo suerte. |
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