Ensayo sobre la lucidez, es algo así como
la segunda parte de Ensayo sobre la ceguera. Es
como la continuación pero sólo en
parte, por momentos y si ud, no ha escuchado esto,
lo puede sospechar pero, no es obvio, salvo claro
está porque en un momento determinado la
mujer del médico aparecerá como
protagonista. Ud deberá detectarla. La
estrategia del autor en este caso difiere del
otro ensayo. Ensayo sobre la ceguera rayaba en
el texto fantástico pero con connotaciones
para repensar a cerca de: quién es más
ciego, él que no ve o el que no quiere
ver, o: todos somos ciegos al fin de cuentas.
Saramago, además de su excelente forma
tiene, una colección de refranes antiquísimos
para parodear excelentemente su obra toda. En
este otro Ensayo, que como antítesis trata
a la lucidez, no es nada más y nada menos
que una finísima ironía sobre la
clase política de acá, de acuyá
y de más allá. De su descrédito,
de su insana manera de pensar, de sus nefastas
soluciones que rayan en lugares comunes. La ironía
y el sarcasmo lo harán sonreír,
o hasta reír si usted se atreve a reirse
de los políticos del mundo unidos en la
pluma magistral de este escritor.
La derecha, el centro y la izquierda se ven burladas
por un derecho más viejo que la democracia
misma. Y eso, los asusta, más que una guerra,
más que una bomba química, la simple
sapiencia de la gente...la simple verdad que puede
suceder, la gente pensando, dejando pasar y pensando,
decretándose en negativa, sin bombas, sin
humo, sin guerras, simplemente declarando la abstinencia
permitida.
Quizá
si usted lo lee, y se rié como lo hice
yo, hasta le de por pensar, qué pasaría
realmente si lo hiciéramos?.
Disfrutable,
con su consabida forma de no dar nombres, solo
cargos, el ministro, el secretario, el de defensa,
el de....Saramago los nombra como ellos quieren
ser nombrados al fin de cuentas, son primero sus
títulos y luego personas, en caso de serlo,
y luego, usted podrá ver sus extensos discursos,
el uso repetido de refranes que siempre vienen
bien...
No le cuento el final, hay gente que ama la libertad
y pretende justicia, en este libro como en toda
la buena literatura,léalo, no se va a sentir
desfraudado, quizá hasta se quede con una
sonrisa socarrona entre los pliegues de la memoria.
Otro de Saramago para no perderse.
María luisa de Francesco - Salto, Uruguay
Excelente